Entradas

Mostrando entradas de noviembre, 2016

LA CURRA (Relato)

Imagen
LA CURRA (Relato) Aquella tarde, apenas el sol puesto, aún, pardiando todavía, en la misma orilla del barranco, los murciélagos comenzaron como cada noche, con sus vuelos circulares y continuos y con su terca chillería persiguiendo a los zancudos. A esa hora de la tarde, las cabras ya estaban recogidas dentro del corral; un corral, hecho de piedra blanca, en la ensenada, debajo del ancón. Solamente, se escuchaba a veces, el lamento aislado, del cencerro de alguna de las cabras, al rascarse o al topar a alguna de las otras. Más tarde pasó una pareja de pardelas, que sobrevoló el barranco, gritando escandalosamente mientras volaban hacia  el mar. Y así, dotada de una cobija casi impenetrable, la noche, poco a poco iba tejiendo misterios y cobrando vida propia. Mientras tanto, allí, en la costa, los perenquenes se deslizaban calladamente sobre la piedra caliza carcomida del salitre. Y de manera semejante, las comparsas de pequeños ratoncillos salían de jarana s...

EL MUNDO DE JOE REDFORD (Relato)

Imagen
  EL MUNDO DE JOE REDFORD (Relato)  I     Aunque todavía soy joven, con relativa frecuencia, en mis ratos libres, acudo a visitar a esos pobres viejos olvidados. Sí, a esos viejos que consumen sus últimos años de existencia, internos, en asilos y en espléndidas residencias destinadas a tal motivo. Allí estos ancianos se encuentran normalmente bien atendidos y están lo suficientemente apartados para esconder a sus familias y al resto de la sociedad su decrepitud y su deterioro. Un deterioro por otra parte lógico y hasta natural y cuya única consecuencia ha sido el implacable paso del tiempo y las carencias y enfermedades típicas de la edad. Les escondemos porque nos molesta su presencia, porque nos angustia y nos deprime vernos reflejados; y, por ese motivo, tratamos de prolongar al máximo nuestra juventud; valor éste, casi único  en nuestra sociedad. En honor a la verdad, debo de reconocer, que no iba de visita solamente por...

Los ojos de Alendra (Cuento)

Imagen
Los ojos de  Alendra (Cuento)                    Hace muchísimos años, según cuenta una leyenda guanche, en medio del Océano Atlántico, donde ahora se sitúan las siete islas canarias, solo había una, una gran isla volcánica. Esta enorme isla, que más bien parecía un continente, había surgido desde el fondo mismo del océano donde la dio a luz la madre tierra en forma de un gigantesco volcán. Un volcán  que fue creciendo más y más, hasta asomar la cabeza sobre las aguas del mar. Y así continuó creciendo durante días, meses, años, muchísimos años, tantos, que casi no nos atrevemos ni a contarlos. Tanto creció aquel gigante que llegó un momento en que sobrepasó a las nubes y aún continuó creciendo. Sus ríos de lava ardiente eran cientos de cataratas que una tras otra iban cayendo estruendosamente sobre las olas del mar y allí se fundían convirtiéndose en rocas. Tanta lava cayó y ...