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Mostrando entradas de octubre, 2016

EL JUGADOR DE PALO (CUENTO)

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EL JUGADOR DE PALO (CUENTO)          Hace muchos muchísimos años, cuando caía la noche y esta con su negro manto oscurecía las tabaibas, había caminos por los que dios al pasar no dejaba marcada la huella de sus sandalias. Caminos solitarios, donde los balos, al amparo de la oscuridad, se convertían en seres extraños, casi fantasmales. Seres que cobraban vida en la penumbra moviéndose y agitando infinidad de brazos. Emitiendo sonidos y palabras veladas, indescifrables, que no decían nada; pero que empujaban la imaginación hasta lugares insondables donde reinaba el miedo y la desolación.    En la omnipresente oscuridad de la noche sin luna, los perenquenes abandonaban lentamente sus guaridas, moviendo las patas y arrastrando sus frías barrigas por la piedra. También la maldad se escurría saliendo de su gruta, cirniéndose como una maldición sobre el incauto caminante, cuyo agitado corazón se...

EL SÍNDROME DE MOBY DICK (Cuento)

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 EL SÍNDROME DE MOBY DICK  (Cuento) Sucede en España. Es veintisiete de Noviembre del año 1999, es por la tarde. Es un bar cualquiera, de no importa que lugar. Mientras se toman una cerveza en la barra, los dos amigos mantienen una conversación. La conversación terminaría, como siempre terminaban las que ambos mantenían; pues eran el aceite y el agua, jamás conseguían compactarse y aún así a pesar de todo, su amistad duraba desde aquella época en que los dos estudiaron juntos. El tema de la conversación no podía ser más actual; era éste, un asunto que estaba revolviendo conciencias y que mantenía al país dividido, pues hablar de la inmigración difícilmente dejaba frío a nadie. - ¡Es que nos están invadiendo! Cada día llegan más y más pateras. Esto ya resulta insoportable, a mí, este país me da asco, con tanto moro circulando por la calle. –Dijo Carlos, con el rostro contraído por la gran indignación que el tema le producía.  - Carl...

UNA TARDE EN LA BIBLIOTECA (Relato)

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UNA TARDE EN LA BIBLIOTECA  Fue, una de esas tardes, pesadas, y somnolientas, hasta no poder más. La biblioteca  estaba llena de gente a pesar de que eran poco más de las cuatro de la tarde. Por mucho que  ame a los libros, no alcanzo a descifrar ni a comprender que puede hacer la gente en la  biblioteca, antes de las 5 de la tarde, cuando afuera, en la calle, el sol aún está cayendo a plomo.  Yo, cuando madrugo, no funciono, sin un buen par de horas de siesta. Así, qué, solamente,  después de las 6, es que mi mente comienza a razonar y a estar, medianamente despejada. El  motivo de estar yo allí, era, que mi hijo de 8 años, a esa hora, tenía clase de flauta, si no, allí, tan  temprano, no me llevan ni con cadenas. Saludé a Olivia, una de las bibliotecarias, que estaba  detrás del mostrador, ocupada en resolver algún asunto que se desarrollaba dentro de la  pantalla de su ordenador, me miró por encima de las gafas y sonrió. Com...