El único testigo (Relato)
El único testigo (Relato) El ganado, por fin, se echó, mientras hacia el Este, el resplandor de la Luna comenzó a salir sobre una nube gris, rojo, incandescente, como una brasa inflamada por el viento. En la ladera del barranquillo, las cabras, protegidas de la brisa costanera, estaban echadas en el suelo, bajo los riscos y, mientras unas, sacaban el pasto de sus estómagos y, con lentitud, lo remolían, las otras dormían ya, placidamente. El criado, apenas, un adolescente, también hacía un buen rato que, roto de cansancio, se había abrigado con la manta y dormía profundamente rodeado por los perros. Aún, en la lejanía, se pudo escuchar, y adivinar por una serie de ladridos, la larga carrera que un perro de caza le dio, ladera abajo, a un conejo, hasta quedar la noche, quieta, insoluble, como a...